HADA COLOMBIANA QUE VELA Y SEPULTA A MIGRANTES VENEZOLANOS QUE MUEREN HUYENDO DEL RÉGIMEN DE NICOLÁS MADURO

| 7 octubre, 2018 | Reply

Después de trabajar haciendo autopsias en la zona fronteriza con Venezuela, Sonia Bermúdez decidió abrir un cementerio al que llamó “Gente Como Uno”, en el que ofrece sepultura gratuita a los exiliados venezolanos que encontraron la muerte mientras huían de la crisis humanitaria del régimen de Nicolás Maduro.

Está ubicado en una zona más al norte de Colombia, a las afueras de Riohacha, capital del departamento fronterizo de La Guajira.

Son bóvedas de cemento que se levantan sobre un lote árido, humildes tumbas de nombres grabados en concreto y decoradas con flores plásticas, que ofrecen el descanso eterno a quienes, literalmente, no tienen en dónde caer muertos.

Su noble labor le costó su matrimonio y una relación sentimental más, pero para ella es lo principal, ayudar a sus “pobres de solemnidad”, como los llama de cariño, que encuentran la calma así sea en la muerte, después de huir de la crisis humanitaria, porque ella se ha encargado de tender una mano para su descanso, sin cobrar un solo peso.

A sus 64 años, ya con sus siete hijos mayores, se levanta todos los días a las cuatro de la mañana para visitarlos y trabajar por ellos, desde las 6 de la mañana ya está en su cementerio.

Pese a morir sin recursos, estos migrantes encontraron un lugar digno para descansar eternamente, 30 de ellos solo en lo que va del año. La situación está tan complicada en su país hasta el punto de preferir buscar suerte cruzando la frontera; aunque mueran en el intento.

“Todos, no importa si eres rico o pobre, tienen derecho a una sepultura digna”, sostiene vehemente Sonia. Ella lo sabe desde pequeña, con ocho años ya acompañaba a su papá Benigno Catalino Bermúdez al cementerio central de Riohacha donde era guardia de seguridad. Allá ella jugaba entre las tumbas.

Tiempo después, el conocimiento que adquirió durante su infancia le facilitó una beca que ganó en una prestigiosa universidad de Bogotá para estudiar medicina forense. Se vinculó, por 45 años, al Instituto de Medicina Legal, a donde le llegaban los cadáveres de los sin casa, sin familia y víctimas del conflicto.

Ella misma reclamaba los cadáveres, los preparaba con maquillaje y ropa que les compraba o que pedía regalada, les construía una especie de ataúd con tablas, y cavaba, ilegalmente, un hueco en terrenos baldíos de la ciudad. Ahí los dejaba después de rezar por ellos. Eso fue en los años 80. Hoy ya perdió la cuenta de cuántos fueron, calcula cerca de 600. Con el tiempo se alió con un cementerio manejado por religiosos, hasta que le quisieron convertir la labor en un negocio.

Llegó entonces al lote en el que actualmente tiene el cementerio, que después de unos años de trabajo, la propietaria le cedió las escrituras. Y un alcalde le firmó un convenio de cooperación que se renueva anualmente. “Con ese dinero, que son 90 millones de pesos (29.658 dólares), compro ataúdes a un proveedor y el material para construir las bóvedas”, contó Sonia.

Con ello también consigue el combustible de su camioneta para cargar los materiales, el formol para preservar el cadáver, el pago del servicio de energía y el espacio de velación para las familias. De resto, ella misma construye lo que diseñó en su mente, solo con la ayuda de un hombre de 68 años que a cambio de las tres comidas del día se suda el lomo por los muertos. “Yo no tengo más que ofrecer. Trato de buscar recursos en todas las organizaciones que pueda, con materiales, no me interesa la plata”, afirmó.

El dinero aún sigue saliendo de su bolsillo, porque la ayuda de la administración local no llega enseguida, este año, por ejemplo, la recibió en julio. Pero la gente no espera para morirse.

Ahora con la migración masiva todo se le complicó. “Ellos vienen con muchos problemas, algunos enfermos para buscar medicinas, pero llegan tarde. Otros hacen cualquier cosa para mandar plata a sus casas y se meten de delincuentes, mujeres embarazadas que fallecen en los partos, otros trabajan de ambulantes y se los lleva un carro”, y así Sonia podría nombrar mil causas más.

“Yo les pongo florecitas, les canto, hablo con ellos. Y así lo seguiré haciendo hasta que tenga vida”, sentenció. Su compromiso es con los muertos, ella lo tiene claro. “La muerte no distingue estratos, nos lleva a todos por igual. Y todos merecemos lo mismo, ser enterrados, morir con dignidad”.

Fuente: Infobae

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Categoria: SOCIEDAD

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